Sobre Ryan

Vecino, veterano,
auditor.

Una carrera dedicada a desarmar sistemas complicados, traída de vuelta a Boulder.

Ryan Jamieson con su esposa y su hijo junto a una fuente
Veterano del Ejército de EE. UU. Auditor interno Fundador en ciberseguridad Papá de Boulder

Crecí en las afueras de Atlanta y me enlisté en el Ejército de Estados Unidos a los diecinueve años, en parte por servir y en parte porque quería convertirme en alguien que valiera la pena ser. Pasé mi servicio activo en Corea, Alemania, Kuwait y como parte de la invasión de Irak en 2003, donde recibí la Estrella de Bronce. Mi trabajo era dar apoyo de comunicaciones a la comunidad de inteligencia, asegurando que la información correcta llegara a la gente en el campo que la necesitaba (nada como que te manden a una guerra para despertarte el interés por las políticas públicas).

El Ejército me enseñó a trabajar con el equipo que me tocó. No podía ponerme exigente sobre quién se presentó ni sobre las condiciones que me tocaron; solo tenía que cumplir la misión, y eso me lo he llevado conmigo desde entonces. También me lo voy a llevar al Concejo: voy a trabajar con cualquiera que esté dispuesto a hacer el trabajo. Es además una organización implacablemente orientada a resultados, y resulta que ese es el hilo que atraviesa todo lo que he hecho desde entonces.

Después de mi servicio y de una carrera en Arizona State, mi primer trabajo de verdad fue como auditor interno en American Express. La gente escucha “auditor” y se imagina a alguien que llega a atraparlos. Ese no es el trabajo. El trabajo es preguntar qué se suponía que un programa iba a lograr, averiguar si lo logró, y escribir la respuesta en algún lugar donde cualquiera pueda revisar mi trabajo. Los buenos auditores ayudan a una organización a detectar y corregir sus propios errores, y le dan respaldo a la gente de adentro que está tratando de cambiar una costumbre arraigada y no puede sola. American Express, igual que el Ejército, medía todo, y ambos me enseñaron a medir de verdad si el trabajo que hacíamos estaba funcionando.

De ahí me pasé a la ciberseguridad, a la que llevo dedicado de una forma u otra unas dos décadas, y hace tres años abrí mi propia firma al servicio de negocios pequeños y medianos. Una empresa es un sistema grande hecho de personas, procesos y tecnología, y mi trabajo consiste en desarmar una y otra vez procesos corporativos intrincados para reconstruirlos más ligeros, más simples y más seguros. La palabra poco glamorosa para el resto es operaciones: alguien tiene que responder por cuánto tiempo llevaba una solicitud en la fila, si un control de verdad aguantó cuando lo pusieron a prueba, y qué se arregló después del último incidente. La mayoría de mis clientes nunca había tenido un número al cual apuntar. Así que les construí uno, y luego cerramos con reloj en mano las brechas que ese número dejó al descubierto. Eso es la mayor parte de lo que hago para ganarme la vida, y no es un trabajo complicado. Es simplemente un trabajo que alguien tiene que sentarse a hacer.

Mi familia y yo nos mudamos a Boulder hace casi seis años, y desde entonces he seguido con interés el drama local. Lo que veo es una ciudad que sinceramente quiere hacer lo correcto y que luego se atasca en su propia burocracia o tropieza con lo básico, como el mantenimiento. He visto a amigos estrellarse contra la pared tratando de abrir un negocio. Vi a un vecindario del norte de Boulder pasar años intentando reemplazar un parque infantil. He estado en las juntas donde una buena idea se muere de tanto hablarla entre gente que ya estaba de acuerdo.

Una ciudad también es un sistema grande hecho de personas, procesos y tecnología. Eso es lo que quiero traer aquí: desarmarlo, averiguar qué está haciendo en realidad, ponerle un número y reconstruirlo para que funcione. No me postulo porque crea que Boulder es un caso perdido, y no me postulo para decirte que podemos salir de esto a punta de recortes, porque no creo que se pueda. Me postulo porque hay una distancia entre la ciudad que queremos ser y la ciudad que somos, y sé que puedo cerrarla.

Lo que le traería al Concejo

Alguien en ese estrado debería ser la persona que pregunta qué se suponía que esto iba a hacer y si lo hizo. Yo he tenido ese trabajo. Me gustaría tenerlo otra vez.

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